Mujer contra mujer

Incapaz de mirarse al espejo, con foto entrelazada se veía caminar desnuda en aquella playa, miraba a los lados y las arrugas de su piel mostraban sendero directo a la vejez prematura. Veía el chasquido de una juventud susurrar al pájaro espino y no pudo evitar sentir recelo de aquel amor que emergía del mismo subsuelo. Tal era el reproche al reflejo de su cuerpo, que murmuró experiencia para borrar ajena, ofensa tras ofensa, veía el ocaso de su piel alcanzar la plenitud de las canas de vivir. Aún la ves rozar con sus labios finas palabras de desaliento, jadear los últimos poros del deseo y el charco de la pasión sucumbir al satén de un instinto ya olvidado. La mujer quería ser niña, la niña mujer y yo en el medio las veía desde el asiento trasero del viento, aún sigo sentada ante la última estrella, preguntándome por qué las dos habían rechazado mi mano si tenía los mismos dedos y la misma labor entre uñas. Me levanto y busco nuevo escenario, éste ya no encuentra motivo para levantar telón y quizás muerto selle final, todo por los celos de dos poros opuestos.

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