Reconversión

Lleva demasiado tiempo pensando en irse, ¿irse de dónde?, del espacio infinito completamente vacío, de lo urbano que nunca llama, de la mentira de salón con capa y sillón.

Irse de dónde si el espacio sobre el que respira no le pertenece ni el cuerpo que habita, cerilla que se muere.

Quizás deba hacerlo y romper la palabra en millones de puntos, pequeños y diminutos puntos que apenas se perciban cuando revienten.

Puede que sea lo mejor, destrozar el silencio que le engulle, dejarles pensar que son los mejores del mundo mundial y que merecen un premio noble aunque sea a la discreta maldad.

Asesinos a la creación, la fusilan en el paredón mientras propagan grandeza en debida ilusión envuelta.

¡Véalos!, son comarcales, apenas cruzan la frontera regresan para volver a escuchar los aplausos de manos conocidas tanto añoradas.

Son los payasos de su circo, el simpático de la fiesta, el borracho guapo y la niña mimada, son el invierno sin nieve, el verano sin sol, el otoño sin hojas y la primavera sin flores.

¿Los conoces?, yo no, ocultan su yo bajo maquillaje de don, eso sí, mucha lectura para desempolvar oculta ambición y hacha de palabra para recortar la memoria que atrapa.

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